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miércoles, 14 de mayo de 2014

Plásticos en el mar: otra amenaza para las aves marinas

File:Morus bassanus 1.jpg
Morus bassanus in flight by Michael Haferkamp.From Wikimedia Commons 



Cerca del 94% de las pardelas cenicientas del litoral catalán contienen piezas de plástico en el estómago, según un estudio publicado en Marine Pollution Bulletin por un equipo que lidera el profesor Jacob González-Solís, del Departamento de Biología Animal y del Instituto de Investigación de la Biodiversidad de la UB (IRBio). En el caso de la pardela mediterránea y la balear, el 70% de las aves estudiadas también habían ingerido plásticos, según las conclusiones del artículo firmado también por Marina Codina García, Teresa Militão y Javier Moreno (UB-IRBio).

La contaminación por plásticos es una amenaza conocida —pero no muy estudiada— en ecosistemas oceánicos de todo el mundo. Tal como explica Jacob González-Solís, «este es el primer estudio que cuantifica la ingestión de plásticos en aves marinas en el Mediterráneo, un ecosistema frágil, con costas industrializadas, un intenso tráfico marítimo y una gran densidad de plásticos acumulados».

Especies en peligro en el Mediterráneo  

El trabajo científico se basa en el estudio de 171 aves marinas capturadas accidentalmente por la flota palangrera en el litoral catalán de 2003 a 2010. El equipo de la UB ha estudiado la ingestión de plásticos en aves marinas especialmente amenazadas o en peligro, como son la pardela cenicienta (Calonectris diomedea), la pardela mediterránea (Puffinus yelkouan), la pardela balear (Puffinus mauretanicus), el alcatraz (Morus bassanus), la gaviota de Audouin (Ichthyaetus audouinii), la gaviota cabecinegra (Ichthyaetus melanocephalus), la gaviota de patas amarillas  (Larus michahellis), la gaviota tridáctila (Rissa tridactyla) y el págalo grande (Catharacta skua). 

De la civilización al estómago de los pájaros marinos

Los plásticos que flotan en la superficie del mar pueden causar ahogamiento, úlceras, infecciones y muerte a la fauna marina. A menudo son ingeridos por error porque se confunden con alimentos (consumo primario), y en otros casos, se encuentran en el estómago de las presas capturadas por los pájaros marinos (consumo secundario). Los plásticos ingeridos suelen ser trozos de filamentos, esferas, láminas o pelletsindustriales.

Según el estudio, el 66% de las aves marinas habían ingerido al menos una pieza de plástico. En el caso de la pardela cenicienta, el 94% de los ejemplares contenían plásticos (con una media de quince fragmentos por individuo). En cuanto a la pardela balear y la mediterránea, el porcentaje de aves afectadas es del 70%.

«Estos resultados son preocupantes», alerta González-Solís. «Las tres especies de pardelas más afectadas son particularmente frágiles, en especial la balear, clasificada en peligro crítico de extinción por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN). Es una especie endémica de Baleares, y solo hay unas 3.000 parejas reproductoras en todo el mundo. No sabemos qué impacto puede tener, pero habría que estudiar si está afectando negativamente a la población».

Los polluelos, los más vulnerables

Los polluelos de aves marinas son los más vulnerables a la ingesta de plásticos, ya que no pueden regurgitar alimentos como hacen los adultos. Las gaviotas, con más facilidad para regurgitar comida, acumulan menos cantidad de plásticos que las pardelas. El estudio muestra que los plásticos —la mayoría procedentes de actividades recreativas en el mar— llegan a la cadena trófica de los océanos y pueden convertirse en una nueva amenaza para las aves y otros organismos marinos. Ante este escenario, los pájaros marinos, especialmente afectados por esta amenaza, podrían ser unos buenos bioindicadores en estudios científicos sobre la polución marina por plásticos en los sistemas oceánicos.

El mar no es un vertedero

La ingestión accidental de plásticos es un problema global que afecta a especies de latitudes tan diferentes como el albatros de Laysan (Phoebastria immutabilis), en el archipiélago de las islas Hawái en el océano Pacífico, o el fulmar boreal (Fulmarus glacialis rodgersii).
«Los plástiscos flotan y son difíciles de degradar», alerta González-Solís. «Todos los contaminantes que no son destruidos en el suelo acaban por llegar al mar con el tiempo. Y el mar —subraya— no es un vertedero. Quizás ha mejorado el nivel de control en fabricación y transporte de plásticos a escala industrial, pero habría que establecer un mayor control del vertido de plásticos y no tolerar que los barcos tiren directamente la basura en el mar».
González-Solís también es coautor de un estudio recientemente publicado en la revista PLOS ONE sobre la distribución de flavivirus —unos virus responsables de diversas enfermedades infecciosas en el hombre y otras especies— en la población de aves marinas del Mediterráneo occidental. El trabajo destaca que las gaviotas de patas amarillas (Larus michahellis), ampliamente distribuidas en las costas del litoral mediterráneo, pueden ser potenciales reservorios de estos agentes patógenos, por lo que habría que impulsar la vigilancia sanitaria sobre estas poblaciones de aves marinas.

Referencia bibliográfica: Plastic debris in Mediterranean seabirds

Fuente Universidad de Barcelona


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