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3/05/2021

Un reciente estudio confirma que la corriente del Golfo se debilita


       
  La Corriente del Golfo influye en el clima a los dos lados del Océano Atlántico - RedAndr/ NOAA  


Los océanos juegan un papel crucial en el clima, por lo que se tienen en cuenta todas y cada una de las anomalías inusuales que allí se producen. La Corriente del Golfo es parte de la circulación de vuelco meridional del Atlántico (AMOC), por lo que una anomalía en la Corriente del Golfo puede ser una señal de que está sucediendo algo, a mayor escala.

La Corriente del Golfo es una corriente oceánica que mueve agua caliente desde el Golfo de México hasta el Océano Atlántico. Se extiende por la costa este de los Estados Unidos, que es donde comienza a dirigirse hacia el noroeste de Europa.

La corriente del Golfo ha alcanzado su nivel más débil en casi 1.000 años, según concluye un estudio científico publicado , que advierte de las consecuencias extremas para el clima de Europa de este cambio en el Atlántico.


Esquema de la AMOC (Circulación de retorno del Atlántico Norte), de la que forma parte la corriente del Golfo, siendo su principal motor. Fuente: http://www.scienceforthepublic.org/

Nunca en más de 1.000 años la circulación meridional del Atlántico (AMOC), también conocida como el sistema de la Corriente del Golfo, ha sido tan débil como en las últimas décadas", indican las conclusiones de la investigación desarrollada por científicos de Irlanda, Gran Bretaña y Alemania publicada en la revista Nature Geoscience.

El estudio analizó los llamados “datos proxy” de sedimentos oceánicos, temperatura del agua y núcleos de hielo de varios cientos de años de antigüedad y, a partir de esta información, se reconstruyó la evolución del flujo de la corriente, llegando a “pruebas consistentes” de que su desaceleración en el siglo XX no tiene precedentes en el último milenio.

Los investigadores admiten que esta situación está relacionada con el cambio climático, según el estudio, y subrayan que la circulación atlántica es relevante para los patrones climáticos del continente europeo.

"El sistema de la Corriente del Golfo funciona como una gigantesca correa de transmisión, transportando agua caliente desde la superficie del ecuador hacia el norte y enviando aguas profundas, frías y de baja salinidad hacia el sur. Mueve casi 20 millones de metros cúbicos de agua por segundo, casi cien veces el caudal del Amazonas." Stefan Rahmstorf, del Instituto de Investigación del Impacto Climático de Potsdam (Alemania).

Según el investigador, las conclusiones del estudio sugieren que la corriente fue relativamente estable hasta finales del siglo XIX, pero habrá empezado a perder intensidad de forma más drástica a partir de mediados del siglo XX.

El informe especial de 2019 sobre los océanos del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) “ya había identificado que la AMOC se debilitó en relación con 1850-1900″, recuerda Stefan Rahmstorf, ya que señala que esta nueva investigación proporciona más pruebas independientes para esa conclusión y la sitúa en un contexto paleoclimático a largo plazo.

 "Usamos una combinación de tres tipos de datos diferentes para obtener información sobre las corrientes oceánicas: patrones de temperatura en el océano Atlántico, propiedades de la masa de agua subterránea y tamaños de grano de los sedimentos del fondo marino que datan de 100 a unos 1.600 años."

Levke Caesar, del departamento de investigación climática de la Universidad de Maynooth (Irlanda).

La ralentización de la AMOC ya se había predicho en los modelos climáticos como respuesta al calentamiento global causado por los gases de efecto invernadero, que altera las diferentes densidades de agua que están en el origen de la corriente.

En la práctica, el aumento de las precipitaciones y el deshielo de las capas de hielo de Groenlandia añaden agua dulce a la superficie del océano, lo que reduce su salinidad y, por tanto, la densidad del agua, debilitando el flujo del AMOC.

Según Levke Caesar, para Europa, una mayor desaceleración podría significar más fenómenos meteorológicos extremos, como un cambio en las rutas de las tormentas de invierno, que podrían ser más intensas, así como la aparición de olas de calor extremas o una disminución de los niveles de lluvia en verano.

"Si seguimos aumentando el calentamiento global, el sistema de la corriente del Golfo se debilitará aún más -entre un 34% y un 45% para 2100-, según la última generación de modelos climáticos." Stefan Rahmstorf.

https://vimeo.com/27076776

This model simulation took six months on 11,000 processors (9,000 of them for the ocean alone) of the high-performance computer at NOAA’s Geophysical Fluid Dynamics Laboratory in Princeton. 


Artículo científico: Current Atlantic Meridional Overturning Circulation weakest in last millennium

5/27/2020

El Cambio Climático tendrá un gran impacto en la vida del océano profundo

Imagen: Schmidt Ocean Institute

Las profundidades de los océanos se están calentando a un ritmo más lento que la superficie. Sin embargo, las criaturas que habitan estas capas también están expuestas al cambio climático y tendrán dificultades para conservar sus hábitats en el futuro.

Esta es la principal conclusión de un estudio internacional publicado este lunes en la revista Nature Climate Change y dirigido por la Universidad de Queensland (Australia), que ha contado con la participación de la Universidad de Hokkaido (Japón).

Para llegar a sus conclusiones, los investigadores utilizaron una métrica conocida como “velocidad climática” que define la probable velocidad y dirección en que una especie cambia a medida que el océano se calienta, explica Isaac Brito Morales, uno de sus autores, en un comunicado de la Universidad de Queensland.

De esta forma, el equipo de científicos calculó la velocidad climática en todo el océano durante los últimos 50 años, mientras que para la obtención de resultados del resto del presente siglo utilizaron datos de once modelos climáticos.

“Esto nos permitió comparar la velocidad climática en cuatro zonas de profundidad del océano, evaluando en qué zonas la biodiversidad podría cambiar más su distribución como respuesta al cambio climático“, detalla Brito Morales.

Los investigadores descubrieron que la velocidad del clima es actualmente el doble de rápida en la superficie debido al mayor calentamiento de la misma; como resultado, las especies que viven a mayor profundidad tienen menos probabilidades de estar en riesgo por el cambio climático que las que viven en la superficie.

Velocidad climática (kilómetros por década) para temperaturas oceánicas globales modernas (1955-2005 años) y futuras pronosticadas (2050-2100 años) en tres escenarios de emisiones de gases de efecto invernadero del IPCC (RCP2.6, RCP4.5 y RCP8.5)
Isaac Brito-Morales et al. / Nature Climate Change, 2020

“Sin embargo, para finales de siglo, suponiendo que tengamos un futuro de altas emisiones, no solo habrá un calentamiento mucho mayor en la superficie, sino que este calor penetrará más profundamente”, explica Brito Morales.

Según este estudio, en la capa mesopelágica del océano (200-1000 metros), donde existe una gran abundancia de peces pequeños que sirven de alimento para animales más grandes, las velocidades climáticas se aceleraron hasta 11 veces la tasa actual.

Debido al tamaño del océano, el calentamiento ya absorbido en la superficie se mezclará con aguas más profundas, lo que significa que la vida marina se enfrentará a crecientes amenazas por el calentamiento hasta finales de siglo.

El investigador Anthony Richardson, de la misma universidad, opina que reducir las emisiones de carbono “es vital para controlar el calentamiento y ayudar a controlar las velocidades climáticas en las capas superficiales del océano para 2100”.
En esa línea, el ecólogo climático de la Universidad de Hokkaido, Jorge García Molinos, quien ha participado en la investigación, recomienda “seguir un enfoque de precaución que limite los efectos negativos de otras actividades humanas como la minería y la pesca en las profundidades”.

Artículo científico:

Climate velocity reveals increasing exposure of deep-ocean biodiversity to future warming